‘Las Fotos de Emilio’

Tinogasta y las postales del pasado. Cada vez que observamos en nuestras ediciones, los lectores disfrutan de conocer a personas y lugares que marcan el paso de los años. Esta es la entrega N° 119.

Un tiempo y varios momentos que nos lleva en estas simples fotos, a revivir parte de una historia pasada. Recopilación que el Profesor, Escritor e Historiador, Carlos Emilio Garnica, nos permite compartir con nuestros lectores.

Aquí más imágenes de una colección de momentos y lugares que ilustran la vida de años pasados de éste querido suelo ‘tinogasteño’, en la que ustedes también si lo desean, crearán su propio álbum o archivo de fotos inolvidables.

Grandes recuerdos llenos de nostalgias en un recorrido fotográfico verdaderamente de Colección.

Un año más estamos agradecidos contigo estimado Profe por este gran y valioso aporte. Como lo venimos sosteniendo a lo largo de estos años, ¡Gracias Emilio! Por compartir tú trabajo. Así de simple y sencillo. Así de “tan tinogasteño”.

LAS FOTOS DE EMILIO

Rostros conocidos. Don ‘Lobito’ Maldonado, don Juan Inocencio Filgueiras, ‘Pino’ Sesto y su hijo Pablo: Fue tomada allá por la década de 1.970.

Dos virtuosos profesionales del arte de combinar los sonidos, el siempre recordado ‘Guille’ Oviedo y el siempre presente ‘Rulo’ Orquera, años 1.990.

La Carretilla de Enriquito

Enrique Silva fue un personaje de nuestro Tinogasta, hombre grandote, pero mentalmente quedó detenido en su infancia, y con su móvil se ganaba unos pocos pesos que algo se remediaba, siempre dispuesto para los mandados, al arribar el tren a la estación, o la llegada de los ómnibus a la plaza, era él quien transportaba el equipaje de los viajantes. Era habitual verlo por las calles de la ciudad con su taxi (así la llamaba enriquito), en tiempos políticos salía y hacía la siguiente Propaganda: «Vote Evita Perón, Rancará No», con el tiempo dilucidamos que rancará eran los radicales.

Tambiém, cuando veía una atractiva tinogasteña, le decía ‘Adiós Chica Linda’. En una oportunidad le robaron su más preciado vehículo pero los taxistas hicieron una «Vaquita» y le compraron otra, Enriquito feliz se lo veía. Cuando falleció, una larga fila de taxistas lo acompañaron a su última morada y su carretilla quedó estacionada sobre su tumba y una leyenda que dice: «Chau novia mía me voy al cielo».

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