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Alberto ‘Tito’ Cancellieri: “Historia viva del automovilismo argentino en Catamarca”

«Una Historia que merece ser contada de nuevo».

Nos interesó esta nota que habla sobre un reconocido vecino de Banda de Lucero, Jurisdicción Sur de Tinogasta, y que para nuestro Portal es la primera vez, por lo tanto vamos al texto completo de la entrevista que se transcribe a continuación.:

Por Pablo Lozada Moreno

Bajo el título de “Historia viva del automovilismo argentino en Catamarca”, el 28 de octubre del 2010 publiqué en las páginas del Diario El Esquiu de Catamarca una nota referida a Alberto “Tito” Cancellieri, una historia que me apasionó y que merece ser conocida por todos los amantes de los deportes mecánicos de nuestra Catamarca y el país. Les dejo la nota que en aquella oportunidad se editó en el diario para que Ustedes disfruten  tanto como lo disfrute yo.

Historia viva del automovilismo argentino en Catamarca

Por esas cosas del destino y buscando un nuevo rumbo a su vida, hace 33 años, un hombre oriundo de Buenos Aires llegaba allá donde la punta del ferrocarril lo permitía. Desde ese día la Banda de Lucero en el Departamento Tinogasta ya no sería la misma; es que a sus áridas y arenosas tierras había llegado un incansable hombre de trabajo, un «tipo» de esos que no se queda quieto, que quiere siempre ir para adelante y con unas ganas de forjar una nueva historia para su vida.

Alberto «Tito» Cancellieri, hoy con 84 años, sigue siendo el mismo, sique trabajando en lo que más le gusta, los «fierros». Con su tonada aporteñada dialogó con nosotros y en una mezcla extraña de anécdotas e historias nos decía lo siguiente.

«Cuando uno termina un ciclo, quiere empezar una vida nueva, había terminado como piloto, como fabricante de autos y dije bueno, quiero hacer algo distinto, tenía una situación económica buena, irse a Europa y no disfrutar no me parecía, así que decidí hacer algo. Me gustaba el campo y bueno, termine acá por intermedio de amistades, hace muchos años que estoy acá y no me arrepiento porque cuando veo mi Buenos Aires querido como está, no lo puedo creer».

«Yo no quiero regresar más a Buenos Aires, una vez me fui a hacerme ver de un problema de salud y a las once y media de la mañana en plena San Martin me pusieron un revolver en la cintura y me asaltaron, y dije bueno, acá no se puede vivir más». «Estoy acá y la paso bien, estoy arrastrando el esqueleto y siéndole útil a la gente del pueblo, reparándole alguna maquinaria» agregó.

«Yo estuve siempre al lado de todos los fierreros, con Gastón Perkins, con Carlos Guimarei, con toda la muchachada de esa época».

«El automovilismo te da muchas alegrías, desde el mismo momento en que uno arma el motor, que pone en marcha el auto y ve luego el rendimiento, pero si tuviera que nombrar un momento en particular sería cuando salí tercero en un Gran Premio Internacional».

SU SOCIEDAD CON JUAN MANUEL FANGIO

Esto de estar en las carreras de autos le permitió conocer y lograr amistad con muchos de los hombres fuertes de la historia de nuestro automovilismo nacional, así que en una oportunidad llegó a compartir un negocio con el mismísimo quíntuple campeón mundial Juan Manuel Fangio.

Sobre este tema nos comentaba, «mi sociedad con Fangio surgió como un negocio, resulta que se vendió la Fábrica de Auto Unión que estaba en Santo Tomé, provincia de Santa Fe y la compró la Fiat, pero nosotros nos quedamos con la estructura fabril, la maquinaria y los repuestos, ya no fabricaban más autos y nos dedicábamos a repararlos. Es que en la calle había cuarenta y cinco mil Autos Unión, así que teníamos un buen campo de acción para crecer, este negocio duró muchos años y al final se vendió todo».

LA CONSTRUCCIÓN DE AUTOS DE CARRERAS

Otra de las facetas que tenía Cancellieri era la fabricación de autos de carreras. Sobre este tema nos decía, «yo fabricaba los fórmula dos, fueron los primeros Fórmula 2 en serio, todo de magnesio, hacíamos las ruedas, la caja de cambios, todo fabricábamos acá en la Argentina, fundíamos el material en una empresa de un señor de apellido Crespi. Recuerdo que para iniciar el proceso me preocupé en recoger un pedazo de llanta de un Lotus con el que se mató Pierce Courace en una carrera del autódromo, saqué un pedacito y la llevé a analizar al INTI, para saber cuáles eran los componentes químicos que tenía. Me dieron el análisis en un escrito que tenía como diez centímetros de alto, se lo llevé a Crespi y ni siquiera lo abrió, me dijo, querés hacer piezas de magnesio, quédate tranquilo que la vas a tener. Yo no podía creer de la forma que nos solucionó el problema este hombre, era un verdadero genio, yo ya estaba por abandonar el proyecto, porque si no lográbamos fundir el magnesio yo no hacia el auto».

«Así arranque con el proyecto Fórmula 2. Copiamos las ruedas del Lotus, la carrocería del Brahman, la suspensión del Matra, de todos los autos que venían a correr a la Argentina copiábamos lo mejor. Una vez teníamos que terminar de desarrollar la carrocería y no teníamos cómo copiar los moldes, así que le pedimos a Juan Manuel Fangio que nos permitiera trabajar durante la noche en copiar los Brahman que guardaba en su taller de Constitución, y a pesar de ser muy reacio a esto nos dejó y nos advirtió que no hiciéramos ninguna travesura».

Además, agregó, «yo también corrí muchos años con Auto Unión, salimos varias veces campeones en el Anexo J, corríamos en circuitos callejeros, autódromos, semipermanentes y grandes premios donde venían los europeos, había Lancia, Saab de Suecia, un coche azul de unos franceses que corrían como condenados, no los podíamos alcanzar».

«Siempre tuve pasión por el automovilismo, yo a los 18 años ya tenía un Ford de Turismo Carretera y corríamos con Marcos Siani, con Peduzi, con el Ingeniero Sierra, que ahora está en el Automóvil Club».

Para terminar y sobre su presente con el automovilismo nos decía, «hoy estoy trabajando en la construcción de un Torino al que modifique todo para hacer carreras zonales. Este auto yo lo compre cero kilómetro, y además estoy armando otra cupecita de las antiguas para correr. En realidad, es para divertirse un rato con los amigos, cuando se termine el autódromo de Tinogasta vamos un domingo, damos unas vueltas y nos comemos un asado».

La tarde de ese sábado caía cuando abandoné la finca de Cancellieri. Atrás quedaban un montón de historias y anécdotas dignas de ser contadas. Un minuto antes de irme don Tito me dijo. «Pablito, regresa cuando quieras, acá tengo un asador inmenso, y un mesón que necesita de amigos para compartir historias, mira cómo será mi pasión por el automovilismo que la manija para levantar la parrilla es de un volante de Auto Unión». Las sensaciones en ese momento estaban muy encontradas dentro de mí, acababa de estar con un verdadero hombre de los «fierros», un hombre de esos que quedan pocos en mi país.

UN HOMBRE MAYOR

Digno de la sabiduría que dan los años, el fin de semana me encontré con un verdadero hombre de los fierros, amante como ninguno de una actividad deportiva que le permitió estar entre los grandes hombres que hicieron la historia del automovilismo argentino. Don Tito es un hombre mayor con dolencias físicas típicas de una persona de ochenta y cuatro años; su mesa está repleta de una importante cantidad de remedios de todos los colores, y por estas horas tiene la necesidad de operarse de la vista por un problema de cataratas, «me opero porque ya no veo el calimetro», me dijo, a lo que agregó «ya estoy grande para estas cosas y todo viene de un accidente que tuve corriendo una carrera».

Alberto «Tito» Cancellieri, creador de autos de competición, un maestro que se emociona cuando recuerda aquellas épocas de gloria, cuando los martes por la mañana probaba sus autos en el Autódromo de Buenos Aires, un hombre lleno de anécdotas que merecen ser escuchadas. Su casa enclavada en la Banda de Lucero, departamento Tinogasta, está rodeada de una plantación de olivos, en el frente se puede leer claramente en un cartel, entre dos corazones, la palabra «BIENVENIDOS» y en el fondo otro cartel que dice, «PATIO DE LA MOROCHA» SOBRE TU PISO POBRE LADRILLOS VIEJOS, SOBRE MI PECHO TRISTE TUS OJOS NEGROS DICIENDO ADIOS! Más allá y Junto a la casa un taller que guarda los más preciados recuerdos y proyectos automovilísticos, una cupeclta, un Torino, un camioncito Unión y miles de piezas que fueron parte de algo en algún momento de la historia.

Sobre el final de la entrevista me dijo, «yo ya estoy de vuelta, estoy en los últimos años de mi vida y siempre me acuerdo de lo que me decía Fangio, la vida es muy corta para todo lo que un hombre tiene que hacer». Gracias Tito por tanta pasión…

Artículo escrito por Pablo Lozada Moreno

Una semana después de la nota Cancellieri falleció, no llego a operarse nunca de la vista, lo había traído su amigo Peter Casas, vecino de Copacabana en Tinogasta, un problema con una hernia le terminó quitando la vida.

«MURIÓ ALBERTO ‘TITO’ CANCELLIERI» 

Así publicado por El Esquiú el miércoles 3 de Noviembre del 2010 y la recordamos:

La semana pasada en esta misma sección del Diario El Esquiú publicamos una extensa nota sobre la vida de Alberto «Tito» Cancellieri, este hombre de 84 años que vivia en Banda de Lucero, departamento Tinogasta.

Lamentablemente hoy tenemos que anunciar que el pasado domingo 31 de octubre, a las 22 horas, dejó de existir físicamente este apasionado creador de autos de competición.

Don Tito fue el realizador de los primeros Fórmula Dos «en serio» como decía él: fue socio de Juan Manuel Fangio en lo que quedó de la Fábrica de Autos

Unión. Desde este espacio de Mundo Motor sentimos mucho la pérdida de este gran hombre de los deportes mecánicos.

El Diaguita

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